Durante los años posteriores a la guerra, Gijón dedicó varias jornadas solemnes a la memoria de los caídos del cuartel del Simancas. De aquellos actos quedan unos pocos recortes de prensa ilustrada, firmados por los fotógrafos Armán y Lena. Rescatamos tres, porque cuentan algo que los discursos de entonces no contaban.
Los recortes carecen de fecha y de cabecera identificada. Se reproducen con su pie original transcrito, a la espera del cotejo hemerográfico que permita datarlos con precisión.
La ciudad, un día cualquiera de fiesta
La calle Corrida cubierta de colgaduras de lado a lado, tantas que casi tapan el cielo. Y debajo, la vida corriente: mujeres con la bolsa de la compra, un niño en pantalón corto cruzando solo, gente que camina sin levantar la vista hacia los adornos.
Es la fotografía menos solemne de todo el conjunto y, seguramente por eso, la más útil. Los actos oficiales quedaron documentados en decenas de imágenes de tribunas y autoridades; de cómo se vivían a pie de calle apenas queda nada. Aquí se intuye: una ciudad que ha sacado sus mejores telas y que, a la vez, sigue haciendo la compra.
Una ciudad que dedica a otra
Dos hombres portan una corona enorme, rematada con palmas. Detrás, un grupo numeroso acompaña. Lo llamativo del pie es quién figura como donante: no una familia, ni un regimiento, ni una autoridad, sino Oviedo. Una ciudad entera dedicando a otra.
La fórmula tiene su razón de ser. La resistencia del Simancas se interpretó siempre como un factor que alivió el cerco de Oviedo: al priorizarse la toma del puerto de Gijón, se desviaron hacia allí efectivos que de otro modo habrían presionado la capital. La corona reconoce, en clave de flores, una deuda estratégica.
Los que salieron
Tres hombres jóvenes ante un muro de sillería. Uno lleva uniforme y correaje; los otros dos, ropa civil gastada, uno con boina, el del extremo con la chaqueta abierta y la mirada algo perdida. No posan erguidos ni miran a la cámara con orgullo: están simplemente ahí, de pie, porque alguien les pidió que se pusieran ahí.
El pie no da sus nombres. Es la carencia más lamentable de todo el conjunto, y la que más nos gustaría poder subsanar.
De cuantas imágenes se conservan de aquellos homenajes, esta es la única en la que el protagonista es alguien que estuvo dentro del cuartel. Todo lo demás —las coronas, las tribunas, las calles engalanadas— lo organizaron quienes no estuvieron. Y es también, con diferencia, la que mejor resiste el paso de los años: las otras envejecen como documentos de una época; esta sigue siendo, sencillamente, tres personas.
Ayúdenos a completar la ficha
Estas tres piezas forman parte de un conjunto mayor de recortes que seguimos estudiando. De ninguna conocemos aún la cabecera ni la fecha exacta de publicación; las autorías que constan en los pies —Foto Armán y Foto Lena— corresponden a dos estudios fotográficos activos en Asturias en aquellos años.
Si usted puede aportar la fecha, el diario de procedencia o —muy especialmente— la identidad de los tres supervivientes retratados, le agradeceremos que se ponga en contacto con nosotros. Los nombres de quienes salieron de allí merecen figurar junto a los de quienes no salieron.











